Instituto Bíblico

Iglesia Bautista Independiente Maranata, Santa Lucía, F.M. Honduras

El Desarrollo del Carácter Cristiano

 

Lección 8 – El Verdadero Éxito

 

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La transcripción del video se encuentra abajo.

Un día un director de jóvenes de una iglesia habló a un joven que sacaba malas calificaciones. Le dijo algo como lo siguiente. “Sé cómo puedes sacar mejores calificaciones, pero tienes que hacer todo lo que te muestro. ¿Estás dispuesto de hacerlo?” Después de recibir una respuesta positiva del joven, dio las instrucciones que siguen. El joven puso en práctica esas instrucciones y descubrió que no solamente pudo sacar mejores calificaciones, sino también Dios cambió el curso de su vida y lo usó para ayudar a muchas creyentes. Lo que aprendió se basa en el siguiente versículo.

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. (Josué 1:8)

Nota que Dios prometió a Josué que prosperara si meditara diariamente en la Palabra de Dios y la guardara. Si queremos que esta misma promesa se aplique a nosotros, tenemos que entender exactamente lo que significa meditar en la Palabra de Dios.

Si estudiamos las veinte y pico veces que una forma del verbo, meditar, o el sustantivo, meditación, se encuentran en la Biblia, podríamos sumar que la meditación se enfoca en Dios y Su Palabra, que es bueno hacerla día y noche, que trae la idea de repetir la Palabra. Con estos puntos en mente, los siguientes pasos han sido sugerido para meditar en la Palabra de Dios.

El primer paso es recibir la Palabra. Mira lo que dice Santiago 1:21.

Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.

Reconocemos que la primera cosa que uno tiene que hacer para recibir la Palabra es recibir el Verbo, el Señor Jesucristo como Salvador personal. Nadie puede entender la Palabra de Dios sin conocer a su autor personalmente. Si nunca te has arrepentido de tus pecados y puesto tu fe solamente en el Señor Jesucristo para librarte de tus pecados y llevarte al cielo cuando mueras, debes hacer esto primero. Para más información sobre la salvación que Dios ofrece gratuitamente a todo pecador, haz clic aquí.

Es interesante que Dios usa la palabra implantada en el contexto de Su Palabra. ¿Qué es el punto que Dios quiere que entendamos al usar esta palabra? La palabra es un término biológico que se refiere al injertar una ramita de un árbol en otro árbol para que el árbol produzca dos variaciones del mismo fruto. Por ejemplo, en la foto abajo, varias ramitas de diferentes variaciones de manzanas han sido injertados a un árbol de manzanas para que el árbol produzca todas esas variaciones de manzanas. Cada rama producirá según su género.

Es lo mismo con la Palabra de Dios. Por la meditación podemos “injertar” un pasaje de la Biblia en nuestro ser. El diagrama abajo muestra el proceso. Verás cuatro círculos concéntricos que muestran diferentes partes de nuestro ser. El círculo más interior representa el Espíritu de Dios morando con nuestro espíritu. Es el Espíritu de Dios obrando con nuestro espíritu que recibe la Palabra de Dios. Al meditar en las Escrituras, la Palabra pasa por nuestra alma, es decir, la mente, la voluntad, y las emociones. Por fin llega a nuestros cuerpos y afecta cómo actuamos. Cada pasaje de la Palabra de Dios que implantamos producirá el fruto de ese pasaje. Por ejemplo, si meditamos en el fruto del Espíritu en Gálatas 5, la Palabra producirá ese fruto al meditar en el pasaje.

Para meditar en la Palabra de Dios, hay que leer la Biblia cada día. Así el Espíritu de Dios nos puede mostrar en cuáles pasajes debemos meditar. Por ejemplo, al leer Efesios 4:29, es posible que el Espíritu nos enseñe que tenemos la necesidad de cambiar nuestra forma de hablar.

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

Después de leer este versículo, es posible que el Espíritu Santo nos guíe a escoger un pasaje en que debemos meditar. Si meditamos, por ejemplo, en Efesios 4:25-32, el Espíritu Santo producirá en nosotros el deseo de hablar la verdad, hablar lo que edifica a otros hermanos, no hablar con enojo, ira, gritería, maledicencia, etcétera.

Tal vez piensas, “Conozco mucho de la Biblia y no sé cuál pasaje debo escoger.” Ofrezco lo siguiente como sugerencia. He descubierto en mis años en el ministerio que muchos creyentes saben lo que significa andar en el Espíritu, pero no andan así. Por eso recomiendo que cada creyente escoja Romanos capítulo 6 y Romanos capítulo 8 y medite en ellos. Después de terminar con estos dos capítulos, también recomiendo pasajes como todo el libro de Efesios, Santiago capítulos 1 y 4, y Salmos 1, 15, 25, 34, y 37.

Tal vez te preguntas si estoy haciendo lo que he recomendado. Les voy a decir para que sepan. No he meditado en todos estos capítulos de la Biblia que he mencionado. Dios me ha guiado a meditar en diferentes pasajes. He meditado en, y sigo repasando los siguientes capítulos de la Biblia. Salmo 37, Proverbios 3, Romanos capítulos 6 y 8, Gálatas 5, Efesios capítulos 2, 3, 4, y 5, Filipenses 4, Colosenses 3, y 1 Tesalonicenses 4. Cada vez que repaso estos capítulos añado otro capítulo. Si yo puedo hacerlo, tú puedes también.

Después de escoger un pasaje, es tiempo de memorizar este pasaje. Mira lo que dice el pasaje que sigue en cuanto a la importancia de memorizar (Salmo 119:9-11).

¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; No me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.

Quiero que pensemos en este pasaje por un momento. Encontramos dos formas del verbo guardar en estos versículos. La palabra guardar en el versículo 9 viene de una palabra hebrea que significa cercar alrededor (con espinos), es decir guardar. La manera más obvia en que podemos guardar la Palabra de Dios es por memorizarla. Así estamos listos para usar la Palabra memorizada en cualquier momento. La palabra hebrea por “he guardado” en el versículo 11 significa atesorar. Memorizamos la Palabra de Dios porque la atesoramos. Es muy importante para nuestra vida espiritual. Entonces este pasaje enfatiza dos veces la importancia de memorizar la Palabra de Dios.

Entiendo que algunos creyentes piensan que es difícil memorizar pasaje de la Biblia. También es difícil levantar cien libres de peso, pero si hacemos bastante ejercicio, descubriremos que no solo podemos levantar esa cantidad de peso, sino también podremos levantar aun más. La capacidad de los músculos aumenta lo más que se usan. Es lo mismo con nuestro cerebro. Es como un músculo que crece en su poder de memorizar lo más que se usa.

Déjame darte tres sugerencias en cuanto a memorizar la Palabra de Dios. A algunas personas, les ayuda a escribir el pasaje cuando lo memorizan. Lo que hacen es que leen el pasaje varias veces y después tratan de escribirlo de memoria. Al terminar, verifican lo que han escrito con la Biblia y corrigen los errores. Luego repiten el proceso uno o dos veces. Para otros creyentes, les ayuda a comprometerse con alguien. La persona que hace esto pide la ayuda de otra persona que le escucha mientras repite el pasaje en voz alta. Cuando la otra persona oye un error, le dice inmediatamente, y la persona repitiendo el pasaje lo repite otra vez sin el error. Lo que me ayuda a mí es que decidí prometer a Dios que lo haría. Si te interesa hacer eso, es muy importante pensar en el consejo de Dios antes de hacer tu promesa de memorizar Su Palabra. Dice la Biblia en Eclesiastés 5:4-6.

Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?

Hay que pensar muy cuidosamente antes de prometer a Dios que vamos a memorizar Su Palabra. Todavía me acuerdo cuando hice esa promesa. Dios estaba obrando en mi corazón acerca de mi necesidad de memorizar Su Palabra. No quería prometer a Dios que lo haría porque tenía temor que quebrantara mi promesa. Un día estaba en mi trabajo, poniendo cable de internet en el techo de la oficina. Estaba jalando el cable cuando sentí que algo me picó en la mano izquierda. Saqué mi mano rápidamente para ver lo que había pasado, pero no vi nada. Unos minutos después vi mi mano otra vez y había sangre debajo de la piel. No había dolor, pero el área de piel con sangre debajo de ella siguió creciendo. Me llevaron a la clínica y mientras estaba en la sala de espera, hice una promesa a Dios. Oré algo como lo siguiente. “Dios, si permites que el problema con esta mano no sea nada, te prometo que memorizaré Tu palabra cada día antes de acostarme.” Cuando mostré mi mano al médico, ¿sabes lo que dijo? Dijo, “Sé qué pasó porque se me ocurrió la misma cosa. Una vena chiquita quebró. No es nada.”

El tercer paso cuando meditamos es reflexionar sobre lo que hemos memorizado.

Me acordé de los días antiguos; Meditaba en todas tus obras; Reflexionaba en las obras de tus manos. (Salmo 143:5)

Es interesante que la palabra hebrea traslada en nuestras Biblias como reflexionaba implica que uno lo hace por conversar con uno mismo en voz alta. Por eso decimos que después de memorizar un pasaje, hay que recitarlo al Señor en voz alta. Cuando haces eso, debes detenerte en cada palabra y pensar en el significado de esta palabra. Déjame usar un versículo corto para demostrar cómo reflexionar. Romanos 6:1 dice, “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?” Para reflexionar en este versículo, vamos a leerlo diez veces, poniendo el énfasis en una palabra o una frase diferente cada vez.

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? (Romanos 6:1)

La palabra “qué” implica que tengo que dar una respuesta. ¿Cuál será?

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? (Romanos 6:1)

Parece que se ha dicho algo antes a que Pablo se refiere. Sería bueno leer la última parte del capítulo 5 para entender a qué se refiere.

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? (Romanos 6:1)

Tengo que dar una respuesta a la pregunta que sigue.

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? (Romanos 6:1)

Perseverar significa seguir o continuar.

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? (Romanos 6:1)

La palabra “en” me da la idea de “estar dentro de”, como un pecado que cometo con frecuencia.

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? (Romanos 6:1)

El artículo es definido. Es algo que reconozco.

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? (Romanos 6:1)

Pecado es un motivo, actitud, pensamiento, palabra, o acción que no agrada a Dios.

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? (Romanos 6:1)

La frase “para que” significa un propósito.

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? (Romanos 6:1)

Otra vez, el artículo es definido. Dios se refiere a una gracia en particular – Su gracia.

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? (Romanos 6:1)

La gracia es el favor inmerecido de Dios.

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? (Romanos 6:1)

Abundar significa tener o existir en gran cantidad o gran número.

Espero que este ejemplo te de una idea de lo que es reflexionar.

También queremos añadir lo que aprendimos al reflexionar en el pasaje. Aquí es importante substituir definiciones por palabras. Un ejemplo de Romanos 6:1 puede ser como lo siguiente.

¿Cuál es nuestra respuesta? ¿Vamos a continuar cometiendo los mismos motivos, actitudes, pensamientos, palabras, acciones pecaminosas con el propósito de tener el favor inmerecido de Dios una y otra vez?

El último paso en meditar es personalizar el pasaje. Aquí queremos repetir en pasaje en la primera persona, usando palabras como yo, mi, y mío. Una manera de escribir Romanos 6:1-4 en la primera persona sería algo como lo siguiente.

¿Qué, pues, digo? ¿Voy a perseverar en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque ya que he muerto al pecado, ¿cómo voy a vivir aún en él? ¿O no sé ya que he sido bautizado en Cristo Jesús, he sido bautizado en su muerte? Porque soy sepultado juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también yo ande en vida nueva.

Otra manera de personalizar el pasaje es convertirlo en una oración a Dios, usando mis propias palabras de acuerdo con lo que aprendí cuando reflexionaba en el pasaje. Un ejemplo de esta oración puede ser como lo siguiente.

“Padre, aprendí que cuando el pecado abunda, Tu gracia sobreabunda. Entiendo que eso no me da permiso de continuar pecando con el propósito de experimentar más gracia. En ninguna manera. No es justo vivir en pecado porque he muerto al pecado. Soy sepultado juntamente con mi Señor para que ande en vida nueva. Así te puedo glorificar como la resurrección del Señor Jesucristo glorificó al Padre.”

Espero que esta lección te ayude a entender cómo meditar y ponerlo en práctica.

Vamos a cerrar esta clase con una palabra de oración. Oremos. Padre, gracias por ayudarnos entender más de Tu Palabra. Pido que animes a los hermanos a meditar en la Palabra de Dios cada día para que experimenten tus bendiciones en abundancia. En el Nombre de Cristo te pido estos favores. Amen.

No te olvides hacer la tarea para Lección 8 si buscas el bachillerato o la licenciatura. Dios te bendiga.