Instituto Bíblico

Iglesia Bautista Independiente Maranata, Santa Lucía, F.M. Honduras

El Desarrollo del Carácter Cristiano

 

Lección 7 – Cómo Nos Relacionamos con Otros

 

Se puede descargar las notas para esta lección del menú de la barra lateral a la izquierda. Las notas están en formato PDF. Se puede imprimir las notas directamente del archivo.

La transcripción del video se encuentra abajo.

En nuestras relaciones con Dios y con otras personas, siempre debemos tener en mente que somos responsables ante Dios por cada motivo, actitud, pensamiento, palabra, y acción. Ahora es tiempo de examinar lo que debemos hacer cuando resulta un conflicto en una relación, debido a violar las responsabilidades que Dios nos ha dado.

Vamos a suponer que alguien se ha sentido ofendido por nuestras palabras. Esa persona nos ha respondido de una manera negativa que solo ha agravado la situación. Ahora nos damos cuenta de que tenemos que corregir el problema, pero no estamos seguros de por dónde empezar o qué decir. Aquí hay algunos pasos que los consejeros cristianos dan a sus aconsejados.

Primeramente, dicen que hay que hacer una lista de sus ofensas. De acuerdo con lo que estudiamos antes, sabemos que debemos examinarnos a nosotros mismos primero cuando se levanta un adversario contra nosotros. La razón por la que cambiamos el orden esta vez es porque lo que sentimos contra la otra persona es tan fuerte que no podemos pensar bien. Después de notar sus ofensas contra nosotros, es más fácil ver cómo hemos ofendido a la otra persona. Algunas ofensas pueden ser acusaciones falsas, promesas no cumplidas, falta de amor, falta de lealtad, etc.

El segundo paso es hacer una lista de tus ofensas. Es difícil pensar en nuestras ofensas, especialmente si creemos que tenemos solamente 10% a 20% de la culpabilidad. Es muy probable que la otra persona cree lo mismo, dejando 60% a 80% de la culpabilidad echado a nadie. Algunas de nuestras ofensas pueden ser resistir a la autoridad, ingratitud, deslealtad, pereza, soberbia, irresponsabilidad, etc. Pide a Dios que te revele tus ofensas, usando el patrón en . . .

Salmo 139:23-24
Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.

Tal vez la ofensa más obvia no es la ofensa básica. Por eso, necesitamos la sabiduría de Dios para ver, por ejemplo, que fue una actitud que causó la ofensa.

El tercer paso es decidir pedir perdón. Por lo general, cuando estamos a punto de pedir perdón, comienzan a surgir preguntas como: “¿De verdad necesito pedir perdón?” Intentamos racionalizar la necesidad de actuar. Quiero mencionar algunas excusas comunes que tendemos a usar para evitar humillarnos ante aquellos que hemos ofendido. No he puesto estas excusas en tus notas. Así que, si quieres recordarlas, sugiero que las escribas en otra hoja de papel.

“Fue una ofensa tan pequeña.” Si fue una ofensa tan pequeña, ¿por qué tu conciencia te lo recuerda continuamente?

“Las cosas han mejorado.” Con asombrosa regularidad, aquellos que quieren regresar y arreglar las cosas con aquel a quien ofendieron encontrarán que la situación está mejorando. A menudo, esta mejora es la forma en que Dios prepara a la otra persona para que nos perdone, pero erróneamente la percibimos como una razón para no pedir perdón.

“Simplemente estoy siendo demasiado sensible.” Una naturaleza sensible no es algo que se debe evitar, sino algo que debemos desarrollar.

“Nadie es perfecto.” Eso es cierto, pero eso no te da libertad para desobedecer las instrucciones de Dios para pedir perdón.

“No entenderá.” Te sorprenderá lo claro que entenderá. Tu trabajo es obedecer. El trabajo de Dios es cuidar de la comprensión de la otra persona.

“Lo haré más tarde.” Puedes estar seguro de que “más tarde”, si llegue, nunca será un momento tan bueno como ahora.

“Lo volveré a hacer.” Si vuelves a ofender, debes pedir perdón de nuevo. Descubrirás que el dolor de realmente humillarte y pedir perdón será mucho peor que el dolor del dominio propio.

“La otra persona estaba más equivocada.” No tienes que vivir con la conciencia de la otra persona; tienes que vivir con la tuya. Alguien tiene que comenzar el proceso de humildad. Deja que sea tú.

“Dejaré la peor ofensa hasta el final.” Siempre pide perdón por la peor ofensa primero. Si no lo haces, experimentarás una culpabilidad anormal y te centrarás en cositas que realmente no requieren una solicitud formal de perdón.

“Si determino no volver a hacerlo, ¿no será suficiente?” No hacerlo en el futuro no borrará los errores del pasado.

Jesús nos mandó reconciliarnos con aquellos a quienes ofendimos.

Mateo 5:23 y 24
Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

Dios quiere que nos reconciliemos con aquellos a quienes hemos ofendido, incluso si eso significa interrumpir nuestra adoración a fin de buscar esa reconciliación. Si has postergado el pedir perdón, no te demores más, sino que ve con humildad, pide perdón y busca la reconciliación.

Antes de explicar exactamente qué debemos hacer cuando pedimos perdón, quiero tomar algunos minutos para mostrarte algunas advertencias de las Escrituras si decidimos que no vamos a hacerlo.

1 Timoteo 1:19
manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos,

Si sabes que debes pedir perdón por alguna ofensa, y no lo haces, ya no tienes la buena conciencia mencionada en este versículo, sino que tienes una conciencia sucia. Si tienes una conciencia sucia, vas a buscar una doctrina que te permitirá vivir con tu pecado, porque la sana doctrina demanda la buena conciencia. Por eso, Pablo decía que algunos desecharon la buena conciencia y naufragaron en cuanto a la fe, o la sana doctrina. Ya no seguían la fe que una vez habían creído. Evita el naufragio de una conciencia sucia (1 Timoteo 1:19).

Proverbios 28:13
El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.

Si quieres encubrir, u ocultar tus propios pecados, pensando que no tienes que pedir perdón por tus ofensas, puedes estar seguro de que no tendrás éxito en tu vida. Dios resiste a los soberbios, para da gracia a los humildes. Es importante que elimines [Elimina] todo obstáculo para el éxito (Proverbios 28:13).

Hebreos 5:13 y 14
Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

Dios quiere que desarrolles la madurez espiritual. Si evitas pedir perdón cuando hayas ofendido a alguien, nunca crecerás espiritualmente como Dios quiere. Dejarás de avanzar espiritualmente. Dios te llevará de vuelta a este mismo asunto una y otra vez hasta que lo hayas resuelto. Desarrolla la madurez espiritual (Hebreos 5:13 y 14).

1 Pedro 3:15 y 16
sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.

Si no pides perdón, es posible que la persona que ofendiste empiece a calumniar y decir cosas negativas sobre ti. Puedes evitar que esto ocurra si te humillas y pides perdón. Nota también la referencia a la buena conciencia en el versículo 16. Después de pedir perdón tendrás una buena conciencia y los que quieren calumniar no tendrán nada que decir en contra de ti. Calla las calumnias (1 Pedro 3:15 y 16), y pide perdón.

Para la última advertencia que vamos a ver hoy, he puesto “Evita el error de Romanos 2:14 y 15.” Dice la Palabra de Dios en este pasaje . . .

Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos,

Queremos enfocarnos en la frase, “acusándoles o defendiéndoles.” Este pasaje habla de los perdidos que no conocen la Palabra de Dios, pero todavía tienen una conciencia que les ayuda entender la diferencia entre lo malo y lo bueno. Cuando pecan contra Dios, su conciencia les acusa y trae la culpa, ayudándoles entender que han hecho lo malo. En el gráfico, la culpa es como un peso añadido a la balanza de equilibrio. Si se agrega continuamente el peso al lado izquierdo de la balanza, eventualmente experimentará colapso. Es lo mismo con el ser humano. Si se agrega continuamente culpa tras culpa a la vida, eventualmente experimentará algún tipo de colapso. Este colapso puede ser la depresión, pensamientos de suicidio, el colapso psicólogo, etcétera. Los psicólogos saben que se puede restaurar un sentido de equilibrio si se agrega acusación al otro lado de la balanza. Entonces, un método del mundo para aliviar la culpabilidad que uno siente es por acusar a otros. Por ejemplo, un psicólogo puede decir lo siguiente a su paciente que siente el peso de su culpabilidad. “No es tu culpa que aborreces a tu padre. Él no te amaba. Nunca estaba allí cuando lo necesitabas.” O “No es tu culpa que tienes dificultades en tu trabajo. Tu jefe es exactamente como tu padre que te trataba mal.” O “No es tu culpa que te sientes amargado. La sociedad no te ha dado lo que necesitas.” Estos son ejemplos de la frase en el versículo quince, “acusándoles o defendiéndoles.”

Un problema con lo que hace el mundo para aliviar la culpabilidad es que el paciente siempre debe volver al psicólogo para otro tratamiento cada vez que aumenta la culpabilidad. El otro problema es que se puede agregar tantas acusaciones que el paciente tiene amargura contra todo. El único remedio para la culpabilidad es pedir perdón y hacer cualquier restitución que sea necesaria. Así el paciente puede experimentar equilibrio otra vez.

Ya que hemos visto las advertencias, vamos a suponer que hemos decidido pedir perdón. ¿Exactamente qué debemos hacer? ¿Cuáles son los pasos?

El primer paso es: Identifica la ofensa básica. ¿Te acuerdas de la historia de un padre que prometió a su hijo que iban a tomar un día para pescar? ¿Qué fue su ofensa básica? No fue que se olvidó de su hijo. La cosa más ofensiva fue que amaba a su trabajo más que a su hijo. Puede que la ofensa básica tuvo algo que ver con actitudes negativas.

Es interesante que las actitudes incorrectas usualmente lastiman y ofenden más que las palabras o acciones. ¿Te acuerdas de la historia del hombre que robó herramientas de su jefe? Dijo que no iba a perdonarlo. ¿Sabes por qué? Porque es difícil perdonar si se percibe que las mismas actitudes ofensivas se repetirán.

Entonces la ofensa básica puede ser actitudes incorrectas o acciones indebidas. Como hemos dicho en lección 6, somos responsables ante Dios por cada actitud y cada acción. También somos responsables por cada palabra. Entonces es posible ofender a otra persona con palabras dañosas.

Quiero mencionar una cosa más que puede causar ofensas. Es la negligencia (Santiago 4:17).

Santiago 4:17
y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.

De acuerdo con este versículo, es pecado no hacer lo que uno sabe que debe hacer. Entonces, la negligencia sí es pecado.

El segundo paso es: elabora la redacción correcta. Cuando pides perdón, no es necesario usar muchas palabras, pero sí es necesario ser preciso con lo que dices. En tu súplica, hay ciertas cosas que no quieres hacer.

No acuses (“tú también hiciste mal”). La obra del Espíritu Santo es convencer de pecado. Si pides perdón correctamente, Dios traerá convicción a la otra persona si es necesario.

No te justifiques (“me sentía cansado”). Cuando ofreces excusas a la persona que has ofendido lo que estás diciendo es “Si me encuentro en la misma situación, es muy probable que te ofenda de nuevo.” Esto es casi una garantía que no vas a recibir el perdón que buscas.

No seas soberbio (“si es que te ofendí”). Es cierto que le has ofendido. Dios no hubiera puesto el deseo en tu corazón pedir perdón si no eres culpable.

No lo des por hecho (“perdóname”). Nuestra súplica no debe ser larga, pero no debe ser corta tampoco.

No seas falso (“lo siento”). Es fácil usar esta frase sin un once de arrepentimiento. La persona que has ofendido va a reconocer que tu actitud no ha cambiado, y no te perdonará.

Enfócate primero en las actitudes de raíz y explica cómo surgieron las acciones erróneas de las actitudes equivocadas.

En la parábola del hijo pródigo, encontramos que las palabras que el hijo elaboró antes de ir a su padre y pedir perdón.

Lucas 15:18 y 19
Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.

Verás en tus notas una redacción sugerida que dice:

“Dios me ha ayudado a reconocer que yo estaba mal en (actitudes de raíz y ofensas resultantes). ¿Me perdonas?”

El último paso para pedir perdón es: Usa un método apropiado.

La tendencia natural es escribir una carta, una nota, un mensaje de texto, o dejar un correo de voz pidiendo perdón. El atractivo de este método es que evita la confrontación personal. Pero también da oportunidad para no perdonarte a la persona ofendida. También da oportunidad para ser mal usado en el futuro. Una visita personal o una llamada telefónica te permite borrar la ofensa. Evite notas, cartas, mensajes de texto, correo de voz y redes sociales.

Vamos a cerrar esta clase con una palabra de oración. Oremos. Padre, reconozco que es posible que hayas ayudado a algún alumno hoy a ver que no tiene una conciencia limpia. Como me has ayudado a mí en pedir perdón, te pido que ayudes a otros, que te obedezcan y hagan lo mismo. Gracias por mostrarnos estas verdades, en el Nombre de Cristo te pido estos favores. Amen.

No hay tarea para los que buscan el certificado, pero los otros alumnos deben leer la sección llamada Tarea para Lección 7 y hacer la tarea.

Dios te bendiga.